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    martes, 26 de abril de 2016

    Olas de gente y nostalgia: así nos fue en el VL16


    Por: Alejandro Vargas | @Alex_Giovanni_V
    Fotos: Luis Avilés | @luissaviless


    Después de asistir durante siete años consecutivos al Vive Latino, la emoción que en un principio el festival me transmitía, comenzaba a evaporarse en favor de un triste escepticismo; tal como ocurre en una monótona relación amorosa.

    Desde el 2009, año con año encontraba una propuesta que me hacía contar los días para el festival. El sentimiento de ansiedad aumentaba poco a poco, y cuando llegaba el día, la expectativa acumulada se transformaba en gritos, aplausos y empujones para llegar hasta la valla de contención.  

    Si bien, el año pasado me emocionaron headliners como Interpol, Robert Plant y Caifanes, el también conocido como Festival Iberoamericano de Cultura Musical me causó una gran desilusión por no arriesgarse en su edición 17. Basta mencionar a Café Tacvba, Vicentico, Los Autenticos Decadentes y Enrique Bunbury para dar cuenta de que los organizadores buscaban cartas seguras.



    Aún así, por alguna razón (probablemente por nostalgia), el fin de semana anterior viví una de las mejores experiencias musicales. 

    Lost Acapulco, Todos Tus Muertos, Chetes y obviamente el combo Enrique Bunbury más Café Tacvba, me recordaron las primeras ediciones a las que pude asistir. Ver a estos artistas nuevamente me hizo pensar en que después de todo, no es tan malo cantar las mismas canciones 'n' cantidad de veces cuando aún es divertido hacerlo.

    El diseño de producción del festival era notablemente impecable. Desde la decoración de los escenarios y sus alrededores, hasta las llamativas señalizaciones, daban cuenta de la planificación minuciosa que tiene un festival de este tipo. 

    El audio también mejoró considerablemente. En el caso del escenario principal, los guitarrazos eran nítidos en prácticamente todas las áreas del recinto, a diferencia de años anteriores en los que era muy tedioso tener que permanecer en la pista para alcanzar a escuchar el característico golpeteo de los graves provenientes del bombo de la bateria.

    El show de Café Tacvba fue el más importante de la jornada. Los 20 años de Avalancha de Éxitos tuvieron su merecido festejo, y la banda no pudo haber escogido una mejor ambientación para su escenario. Señalizaciones viales, un vochito que se iluminaba de diferente color en cada una de las canciones y la presencia de la banda, realmente me transportaron a la época de uno de sus discos más queridos. 






    Bandas que no conocía a fondo como Tungas y Big Big Love me sorprendieron por el carisma de sus integrantes y por la emotiva relación que tienen con su público. Tan emotiva que Big Big Love dedicó sus últimos minutos a interpretar su propia (e igual de emocionante) versión de Festival de Sigur Rós.

    Las presentaciones de Savages, Baroness y Two Door Cinema Club no estuvieron tan concurridas como las de los headliners latinos, pero eso las convirtió en momentos aún más atractivos. Las tres bandas lucieron por tocar a la perfección sus instrumentos y por prácticamente emular sus discos de estudio.




    Mientras que Savages ofreció una presentación muy similar a la que dieron hace dos años en el extinto Salón 21 (íntima, energética y frenética como una sólida banda de post punk), Two Door Cinema Club dejó en claro que ya no son los adolescentes que se notaban nerviosos en la primera edición del Corona Capital


    Alex Trimble y compañía denotaban los bpm de su música con sus movimientos, exigían que el público aplaudiera en los momentos cumbre y mostraban seriedad y dominio en todas sus canciones, no importaba que fuera una del ya clásico Tourist History o del complejo y electrónico Beacon

    En uno de los nuevos escenarios, Baroness tuvo como espectadores a las pocas personas que no gustan de la música festiva o bailable de Los Autenticos Decadentes y Plastilina Mosh. La banda de Georgia interpretó temas de toda su trayectoria, y en todo momento se mostraron sorprendidos por la excelente respuesta de su público. El concierto en síntesis: mucho headbanging, impresionantes solos virtuosos y una gran potencia vocal.

    En contraste con las bandas anteriores, The Prodigy y Of Monsters and Men, no lograron encajar con el resto del festival, sobretodo la segunda, hecho que me recordó a la increíble pero incoherente presentación de The National en 2011. 



    The Prodigy es una de las bandas más importantes de la década de los noventa y su presentación en el Vive Latino suponía que iba a lograr poner a bailar a una gran cantidad de asistentes en el Foro Sol; sin embargo el resultado fue desfavorable. El horario y el cansancio de los espectadores, que en su mayoría,ya pensaban en huir del recinto para poder descansar, hizo que la presentación fuera bastante escueta.

    Al final, la edición diecisiete del Vive Latino me dejó grandes experiencias y un sentimiento de nostalgia. Nostalgia por el recuerdo que me brindan las canciones que los artistas interpretaron y por la incertidumbre de una nueva edición. 

    A México y a Latinoamérica le hacen falta headliners ¿Qué pasará cuando Café Tacvba, Bunbury, Caifanes, Fabulosos Cadillacs y Zoé dejen de existir? Urge que el Vive Latino y sus promotores descubran nuevas propuestas que sustituyan al modelo que desde hace muchos años han seguido. 



    Cada vez se reducen los días del Vive y los síntomas de su destrucción son preocupantes. La falta de grandes talentos latinos no es la causa de que cada año el festival repita a gran parte de las bandas que conforman su cartel. Lo que causa la repetición es el poco interés de Ocesa por descubrir nuevas propuestas y la falta de curiosidad del público en general por salir de su estado de confort.

    Realmente me causaría mucha tristeza que el Vive Latino dejara de existir. Los momentos que he vivido en el festival han sido bastante enriquecedores y nadie debería permitir que termine la ilusión. 

    Sí el Vive muere, a su vez se elimina el sueño de una escena musical latinoamericana, una escena con valores compartidos, propios de un contexto social particular.  Nada más preocupante que eliminar una posibilidad de auto conciencia, de auto comprensión para una sociedad que apenas está descubriéndose a si misma. Ojalá que la celebración siga por muchos, muchos años. 





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